Sugerencias para ayudar al niño a enfrentar las pérdidas

Si preparamos bien a los niños para enfrentarse a estas situaciones y a los sentimientos que provocan, sabrán manejarlos  mejor cuando  aparezcan y  tendrán recursos internos para hacerles frente.

Para muchos niños, su primera experiencia real de pérdida ocurre cuando se les muere una mascota.

En esos momentos necesitan consuelo, amor, apoyo emocional y que se respete su dolor, sin quitarle importancia pero sin dar explicaciones médicas o científicas complicadas que a veces los adultos ofrecen con la intención de disminuir su pena.

Temas como la muerte y el abandono pueden provocar mucho sufrimiento y desconcierto en aquellas personas a las que se les haya ocultado este aspecto más duro de la vida, haciéndoles creer en una existencia llena de  felicidad y de continua satisfacción.

Por este motivo, enseñar a vivir a un niño, no es solamente mostrarle las cosas buenas y agradables de la vida, sino también ayudarle a comprender que en ella hay sufrimiento y dolor, pero que puede y debe compartirlo con las personas queridas que tenga a su alrededor.

Pero, ¿cómo hablar de la muerte con los niños?, ¿cómo decirles lo que es morirse y lo que pasa después?


Cuando los niños preguntan, es preciso darles una respuesta clara y sincera


La muerte, sencillamente, forma parte de la vida, aunque a muchos padres y educadores se les haga cuesta arriba hablar con sus hijos o alumnos de este tema.

Cuando los niños preguntan, es preciso darles una respuesta clara y sincera, decirles que detrás de cada vida hay una muerte, que todo lo que tiene vida en algún momento debe morir, lo único  que no sabemos es el momento,  el lugar o la causa.

Si un niño está viviendo esta situación porque en su entorno más cercano se ha producido un fallecimiento, resulta importante conocer la idea que se hace de la muerte. Tal noción puede variar, según el bagaje de sus experiencias y el momento evolutivo  en el que se encuentre.

En general, los niños menores de cinco años tienen una concepción de la muerte bastante rudimentaria. La describen como un sueño largo, un viaje u otra manera de vivir. Para ellos la muerte es un fenómeno pasajero y reversible, alguien muere en uno de sus juegos y a los pocos minutos está vivo de nuevo.

Pero, a partir de esa edad, comienzan a descubrir que la muerte implica un cambio fundamental y sienten que se tambalea su confianza en un entorno que debería brindarles seguridad y protección.Aún así asocian la muerte con la enfermedad y la vejez, y a veces con hechos violentos o  accidentes.

Sin embargo, es a partir de los seis o siete años, cuando ya  son capaces de comprender que la persona desaparece para siempre, que la muerte es un hecho definitivo, irreversible y universal.


Es a partir de los seis o siete años, cuando ya  son capaces de comprender que la persona desaparece para siempre, que la muerte es un hecho definitivo, irreversible y universal.


Los niños necesitan saber que el cuerpo sin vida queda en el cementerio, donde están las tumbas y donde está escrito el nombre, apellido, fecha de nacimiento y de fallecimiento “de la persona que murió”.  Allí se puede ir a recordarles. También puede convertirse en cenizas si el cuerpo del difunto es incinerado, práctica cada vez más habitual.

En algunas ocasiones, se sienten culpables ante la muerte de un ser querido. Es preciso hacerles ver que no fue su culpa; ellos no provocaron la muerte, ni aunque la hubieran deseado

Los niños que están atravesando el duelo pueden exteriorizar su pesar a través del llanto y la tristeza pero su pena también puede manifestarse a través de la cólera, la ansiedad o la inquietud. Algunos podrán negar el acontecimiento con todas sus fuerzas, haciendo como si nada hubiese sucedido. Otros podrán manifestar una marcada agresividad hacia el difunto que “los abandonó”.

Lo importante es estar alerta respecto de lo que le va sucediendo, animándoles a expresar lo que sienten.  Si perciben que estos sentimientos (rabia, miedo, tristeza…) son aceptados por su familia, los expresarán más fácilmente, y esto les ayudará a vivir de manera más adecuada la separación.

Frases como: “no llores”, “no estés triste”, “tienes que ser valiente”, “no está bien enfadarse así”, etc … pueden cortar la libre expresión de emociones e impiden que el niño se desahogue, causando una represión emocional que casi siempre tiene consecuencias negativas.

Begoña Ibarrola

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