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El libro digital todavía no se ha inventado

¿La revolución digital supondrá la desaparición de la lectura de signos tal y como llevamos practicándola desde hace 5.000 años?

Tú, que deseas estar en todas partes con mis opúsculos y tenerlos por compañeros de un largo viaje, cómpralos hechos con membranas oprimidas por pequeñas tablillas. Coloca las grandes obras en los estantes, las mías caben en la mano”.

Este fragmento pertenece a una carta del autor romano Marcial (de Hispania, por cierto) fechada en el año 85 d.C.  en la que describe las ventajas del códice (“membranas oprimidas por pequeñas tablillas”) respecto al rollo de papiro para la difusión de sus obras: portabilidad, comodidad para la lectura y acceso a textos más cortos (“opúsculos”, denomina Epigramas). Un buen resumen de lo que representa el cambio de un formato a otro.

El libro ha pasado por cuatro grandes transformaciones a lo largo de la historia y cada una de ellas ha implicado, no solo la ampliación del número de lectores, sino también una forma diferente de leer, una mayor rapidez en la difusión de nuevas ideas y la aparición o potenciación de otros géneros literarios.  Esas transformaciones nunca fueron inmediatas, llevaron un tiempo para consolidarse, y al inicio de cada una de ellas se seguía reproduciendo la “maquetación”, por así decir, del formato anterior. Solo más adelante se fueron explotando las diferentes posibilidades que el nuevo medio permitía. Veamos algunos ejemplos:

1. La primera transformación es el paso de la tableta de arcilla al rollo. No vamos a extendernos porque las limitaciones de la tableta son obvias: ¿quién podía moverse con todos esos “ladrillos” a cuestas? Su uso se limitaba a los templos y los palacios de la antigua Mesopotamia.

2. El rollo de papiro dominó la Antigüedad hasta que en el siglo I a.C. surgió, de forma progresiva, el códice. Hasta el siglo V no sustituyó por completo al rollo. El códice es el formato de libro que ha perdurado hasta hoy -un conjunto de hojas encuadernadas entre dos cubiertas-con la diferencia de que el material con el que estaban hechas las hojas era piel de animal (pergamino) y el texto era manuscrito.  


 “La novela romántica y erótica se vende como  churros en formato digital, mucho más que en  papel…Las razones son evidentes: nadie ve lo que lees”


 Los rollos de papiro se estropeaban fácilmente y para llevarlos de viaje había que transportarlos en cajas especialmente diseñadas. Para su lectura había que desenrollarlo con una mano mientras se enrollaba con la otra, lo que limitaba su manipulación. Además, la urdimbre de la fibra del papiro dificultaba la escritura por las dos caras, lo que mermaba la capacidad de almacenamiento. Las obras más extensas se tenían que subdividir en diferentes volúmenes.

El códice era muy resistente y fácil de trasportar, tenía una mayor capacidad de almacenamiento, pues se podía escribir por los dos lados, y era más fácil de manipular. Eso hacía más sencilla la localización de pasajes concretos de un texto, tarea mucho más ardua de desempeñar en un rollo que había que ir desenrollando hasta que apareciera la cita requerida. La consecuencia inmediata fue que las referencias a otros autores empezaron a ser más exactas.

Todas estas ventajas también propiciaron la aparición de nuevos géneros: ya hemos hablado de obras más cortas, como los Epigramas de Marcial, pero también otros como la literatura de entretenimiento o los libros de viajes.

Como decíamos más arriba, llevó cierto tiempo la introducción de novedades en la presentación del contenido. Al principio de la Edad Media el códice solo reproducía texto bien apretadito, como en el rollo. Pero la superficie lisa y pulida del pergamino se prestaba maravillosamente a las ilustraciones. Poco a poco se fueron añadiendo decoraciones y pequeñas ilustraciones rudimentarias que fueron ampliándose hasta conformar las auténticas joyas pictóricas que encontramos al final de la Edad Media.

Hay que destacar que los primeros cristianos adoptaron el códice desde el primer momento, lo que facilitó la difusión de sus ideas. Casi se puede decir que sin la existencia del códice el cristianismo nunca se hubiera extendido con tanta celeridad.

3. El cambio del códice -manuscrito a mano- al libro impreso, que es la tercera transformación, no supuso una diferencia tan grande en cuanto al soporte físico, que en definitiva era casi el mismo, sino respecto a la multiplicación exponencial de su difusión, tanto geográfica como socialmente. Aparecieron nuevos géneros, como el panfleto o el almanaque, y partir del invento de la estereotipia en el siglo XIX, otros como el western, la novelita popular y las guías prácticas. Al igual que vimos en la transición del papiro al códice, al principio de la era Gutemberg los libros impresos imitaban el aspecto de los manuscritos, con sus minuciosas ilustraciones, y solo más adelante se crearon maquetaciones nuevas.

Y al igual que el códice fue indispensable para la difusión del cristianismo, el libro impreso lo fue para la del protestantismo primero y para las ideas de la Ilustración después.

4. Finalmente llegamos al paso del libro impreso al libro digital, de implicaciones todavía desconocidas.

El periódico digital, por buscar un paralelismo, empezó su andadura bastante antes que el libro digital y es ahora cuando estamos viendo su verdadera diferenciación de la versión impresa. Al principio de la era de internet los periódicos eran una reproducción en pantalla de la versión impresa. A lo largo de estos últimos años se han ido añadiendo vídeos, archivos sonoros, gráficos animados y, muy recientemente, reportajes inmersivos, como el que sacó El País sobre Fukushima hace un par de semanas. Los dos formatos se leen de manera diferente, a un ritmo diferente e incluso no se escogen los mismos artículos en uno y en otro. Las posibilidades de interactuar con el lector y de saber al instante cuáles son las noticias más leídas (con resultados bastante descorazonadores respecto a la naturaleza humana) son otras posibilidades que ofrece el medio electrónico.

En cuanto al libro digital, de momento nos hemos limitado a trasladar el aspecto del libro impreso a la pantalla y poco más (en Paisandú hemos empezado a introducir sonidos sin renunciar a la primacía de la narración escrita).  Por cierto, curiosamente con los dispositivos electrónicos hemos vuelto al sistema de lectura de una página continua característico del rollo.  Su adopción no está siendo tan rápida como en el caso de la música, pues a fin de cuentas, el libro impreso es muy resistente, su batería es ilimitada, lucen espléndidos en la mesa del salón o decorando bibliotecas, y como regalo es muy vistoso (si lo sabrá Amazon, que ha empezado a abrir librerías…).

Como hemos visto en las otras transiciones, llevará un tiempo la adopción de las verdaderas innovaciones. ¿Cuáles serán?

De momento empiezan a potenciarse algunos géneros: la novela romántica y la erótica se vende como churros en formato digital, mucho más que en papel…. Las razones son evidentes: nadie ve lo que lees. En un ebook no hace falta camuflar esas portadas con desnudos difuminados y torsos definidos, velos y demás parafernalia erótico-kitsch tan propias del género.

Otro género que se está expandiendo es el cuento corto, demasiado costoso para imprimirlo en papel. De hecho, las palabras clave más buscadas en Google en relación con la literatura infantil son “cuentos cortos para niños”, “cuentos cortos infantiles” etc.

Por otra parte, a través del  ebook  se puede cuantificar el ritmo al que se lee, saber cuáles son los pasajes en los que el lector se atranca y los que se leen más rápido, cuáles son las frases más subrayadas. También se puede conseguir un feedback del lector casi instantáneo. Ya hay aplicaciones como Wattpad en la que el lector opina sobre lo que escribe el autor durante el mismísimo proceso creativo.  Cómo se van a explotar esos datos y de qué forma van a alterar el contenido de lo que leemos, no lo sabemos, pero no hay duda de que ocurrirá.

De lo que tampoco hay duda es de que somos adictos a las historias, no hay más que ver el auge de las series televisivas o los reality shows.  Ahora bien, ¿seguiremos accediendo a esas historias a través de la lectura, es decir, traduciendo conjuntos de letras en imágenes mentales dotadas de sentido?  ¿O lo haremos directamente hackeando nuestro cerebro a través de la realidad virtual tipo Avatar? ¿La revolución digital supondrá la desaparición de la lectura de signos tal y como llevamos practicándola desde hace 5.000 años?

Eso lo dejamos para otro post.



 

Referencias:

(Por cierto, si decíamos que gracias al códice las citas pasaron a ser más exactas, las del medio digital, se pueden contrastar al instante, y de paso detectar el plagio… Ya no hay que ir que ir a rebuscar a la hemeroteca a rebuscar.)

 Julie Bosman, Lusty Tales and Hot Sales: Romance E-Books Thrive, New York Times, 8/12/2010 (http://www.nytimes.com/2010/12/09/books/09romance.html)

Jeremy Norman, From Gutenberg’s Movable Type to the Digital Book, and Other Studies in the History of Media, www.historyofinformation.com

From Papyrus to Pixels. http://www.economist.com/news/essays/21623373-which-something-old-and-powerful-encountered-vault

José Luis Gonzalo Sánchez-Molero, El tránsito del rollo al códice: un viaje a los orígenes del codex. http://www.academia.edu/5315740/El_tra_nsito_del_rollo_al_c%C3%B3dice_un_viaje_a_los_or%C3%ADgenes_del_codex.  (A este artículo pertenece la cita de Marcial con que se abre el post).

Libranda, INFORME ANUAL DEL LIBRO DIGITAL 2015 (http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/dms/mecd/cultura-mecd/areas-cultura/libro/mc/observatoriolect/redirige/destacados/2016/Mayo/mundo-libro/Ebook-Libranda2015/Libranda-2015.pdf)

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